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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Anécdotas inservibles, y ambientación histórica.


Es por todos conocidos, que mi relación con el género histórico dista mucho de ser afectiva. Vamos, hablando en plata, que no suele gustarme leer este tipo de libros. Llevo mucho tiempo pensando a qué puede deberse esta alergia por todo lo que se aleja de lo contemporáneo, y sí, la culpa es de la niñez, como bien diría cualquier psiquiatra que se prestara a evaluar mi caso.
Nunca he sido buena en historia, tengo que confesarlo. Las fechas para mí son meros números que una vez leídos, desaparecen de mi mente a velocidades de vértigo, así que me ha costado sudor y lágrimas, memorizar ciertas asignaturas para salir adelante.
A ese pequeño trauma numérico, debemos añadir el profesorado tan “bueno” (nótese mi sarcasmo al pronunciar bueno) que tuve durante el instituto. Yo soy de EGB y de BUP, a algunos os sonará a chino, a otros os traerá algunos que otros recuerdos.
Sí, a pesar de costarme la Historia, voy rozando ya la prehistoria. Qué vieja soy, leñe! Pues eso, a lo que iba…
Mi profesor de Geografía e Historia, debía tener la misma alergia que yo, porque recuerdo haberme pasado las ¾ partes del curso dando geografía, y cuando comenzábamos por la historia, no pasábamos del paleolítico… Sí, así de cruda y triste es la verdad.

Y todo esto ¿a qué viene? Pues a mi necesidad de contaros una leyenda que venía de lujo para estos días terroríficos, oscuros y nebulosos. El problema, que para no sucumbir a los errores de fecha, he tenido que volver a estudiarme, o realmente estudiar casi por primera vez, así por encima, la historia de Andalucía o al-Andalus.

Hoy venía a contaros la misteriosa leyenda que recorre los pasillos del Castillo de Almodovar. Algunos le llaman la leyenda de “la encantá”, pero… ¿es verdad esa historia?  ¿Es quien dice ser  o ha pasado algo más truculento entre sus paredes que no ha sido contado?.

Lo primero es poneros en situación, y eso haré con este post. 
¿Conocéis el magnífico Castillo de Almodovar?  ¿NO? Pues ya estáis tardando, que eso es un pecado capital de máximo orden.
Almodovar del río, es un pequeño pueblecito situado a unos 22 kilómetros de Córdoba, cuyo principal icono, es el castillo que se vislumbra sobre su cerro. No solo es hermoso admirar el castillo desde abajo, sino el paisaje que admiramos asomándonos a sus torres. Tenemos toda la Vega del Guadalquivir a nuestros pies, con el río bordeando uno de sus laterales. Quien no caiga enamorado en ese mismo instante es que no tiene corazón. :p
Foto made in casa, es decir, hecha por mí misma el 1 de noviembre del 2011

Por ese cerro han pasado desde íberos, romanos, visigodos, árabes, teniendo su máximo esplendor con Pedro I, el cruel, y su hermanastro Enrique II de Castilla, que hicieron de él sus aposentos reales. Fue construido en el año 740 por los árabes, y estuvo bajo su influencia durante cinco siglos. En el 1240 pasó a manos de la corona de Castilla gracias a Fernando III, pero en 1629 fue vendida por Felipe IV a Francisco Corral y Guzmán, caballero de la orden de Santiago, pasando desde entonces, a manos de sus herederos hasta hoy en día.
Pero.. ¿A quién le debemos el castillo tal como lo conocemos ahora? Pues a uno de estos herederos, Rafael Demaissieres y Farina, conde de Torralva, que con su espíritu romántico, decidió devolver al castillo todo su esplendor, aunque le costase toda su fortuna como así fue. Las obras comenzaron en 1901 y terminó 36 años después, justo con el inicio de la guerra civil.
Otra fotito de la casa.

Ya que nos hemos situado en el lugar, ahora vamos a situarnos en el tiempo:

 Al-Andalus vivió su máximo esplendor político, cultural y comercial con el Califato de Córdoba que fue desintegrada en pequeños estados llamados taifas. Pues bien, aquí debemos situarnos nosotros. El reino taifa de Sevilla, se había anexionado los pequeños reinos de su alrededor, bajo el poder de Al Mutamid, quien una vez conquistada la taifa de Córdoba, se la cedió a su hijo Fath Al-Mamun. Este vivía con su mujer Zaida y sus hijos en Córdoba.

Cuando la taifa de Toledo calló a manos de Alfonso VI, Al-Mutamid, viendo peligrar Sevilla, decidió pedir ayuda a unos guerreros bereberes nómadas: los almorávides. Pero estos no se contentaron con vencer a Alfonso VI, sino que decidieron hacerse con todas las taifas para proclamar un emirato.
Cuando se acercaban peligrosamente a Córdoba, Al-Mamun decidió mandar a su familia al Castillo de Almodovar con 70 soldados, y él se quedó en la ciudad haciendo frente a los almorávides.

Ahí dejo el ambiente planteado. Ya tenemos lugar y momento... Ahora queda por saber la leyenda en sí... ¿Estáis preparados? :p

4 comentarios:

  1. Siii!!!

    Por cierto, yo si tuve suerte con mi profesora de historia. Estudié en las Esclavas y en 8º mi profesora de historia era una monja, la hermana Concha Montoto, nieta del escritor y poeta Luis Montoto, el de la calle. Algo debió heredar de su abuelo porque daba unas clases de historia maravillosas que todavia recuerdo.

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  2. ¡¡Nos has dejado con la miel en los labios!! Pues nada, a esperar a la próxima entrega!

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