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viernes, 26 de agosto de 2011

El Ángel negro, Nieves Hidalgo


Este año, los seguidores de Nieves Hidalgo hemos estado de enhorabuena, porque han sido dos, las novelas que han visto la luz durante el 2011. La primera que leí fue Brumas, ya reseñada en páginas anteriores; y ahora vengo a hablaros de la que tenía pendiente: El Ángel negro.
Nos volvemos a encontrar con el punto fuerte de Nieves Hidalgo: el subgénero histórico dentro del género romántico. Como ya he comentado en reseñas anteriores, Nieves es una autora todo terreno; igual nos traslada a épocas pasadas, como a la actual; igual nos habla de piratas, que de caballeros, nobles, fantasmas, ciudadanos del antiguo Egipto, gitanos o de un harén lleno de beldades.

El Ángel negro está ambientada en el 1667 y años sucesivos, y son muchos los lugares por los que nos hace viajar Nieves: Madrid, Huelva, Maracaibo, Jamaica, la Isla de la Martinica…. Lugares idílicos para vivir mil aventuras.
Durante este periodo donde nos sitúa la novela, tenía lugar la guerra de la sucesión por el trono de España tras la muerte de Felipe IV. Además, el comercio con las Américas estaba en pleno apogeo. Eran muchos los barcos que cruzaban el Atlántico en busca de mercancías o transportando pasajeros que querían abrirse mundo en nuevos lugares. 

Este trasiego de barcos y riquezas, no solo españoles sino a nivel europeo, dieron lugar a la aparición de ladrones de alta mar, los denominados piratas.
¿Quién no ha oído hablar de los piratas? Son muchos los que han engrosado la lista de películas y novelas desde tiempo inmemoriales.  
Los primeros piratas literarios que recuerdo, son aquellos de La Isla del tesoro de Robert Louis Stevenson; o el Capitán Nemo de Julio Verne. Eran temidos, odiados y siempre me ponía a favor de sus víctimas.
Luego conocí a Sandokan de Emilio Salgari, y ahí cambió mis prioridades, no lo pude evitar. Con él y su fiel amigo Yañez, corrí mil aventuras cimitarra en mano, con el turbante por montera y con su grito de guerra. Qué recuerdos aquellos….

Con el paso de los años descubrí que también la novela romántica tenía sus propios piratas. Fueron los Malory de Johanna Lindsey los que me abrieron la puerta a estos personajes romanticones, tiernos y simplones. Así los recuerdo, y eso que me gustaron en su momento, pero estos piratas de Johanna eran así.

¿Y por qué os cuento todas estas tonterías? Porque Nieves nos acerca de nuevo a estos temibles vándalos que hundían barcos, se hacían con tesoros y secuestraban a sus pasajeros para intercambiarlos por dinero. Pero no, no es oro todo lo que reluce, y tal como no enseñó Salgari, los piratas también tienen su lado tierno, su talón de Aquiles. Pueden llegar a defender a sus amigos con su vida, a ser bondadosos y sensibles pero nunca de cara a la galería, claro, puesto que tienen una reputación y un honor que proteger.

Nieves sigue siendo una maestra en crear personajes. Llega a hacerlos reales, creíbles, con sus virtudes y defectos.
De protagonista masculino tenemos a Miguel de Torres, español de nacimiento, que junto a su hermano, se ven inmersos en una trama de traición, lucha por la supervivencia y superación personal.
En su vagar por el mundo se encuentra con Kelly, inglesa de armas tomar, que se ve desterrada a Jamaica por su negativa a casarse con el pretendiente que le habían buscado. Una vez más nos encontramos a una mujer adelantada a su época, valiente, decidida, que no se deja amilanar por las leyes de la sociedad. Esta es una de las características principales de las protagonistas femeninas de Nieves Hidalgo.
Los personajes secundarios tienen un peso muy grande en la trama, sin ellos no habría historia. Los hay muy buenos, otros temibles y odiosos, otros repugnantes y traidores. Todos ellos están bien definidos y desarrollados.
Es una novela donde se ve la evolución de los personajes. Vamos siendo testigo del crecimiento de estos por los problemas a los que se van enfrentando, de cómo van madurando.

Ha habido momentos en los que me he sentido de nuevo en un terreno conocido. Cuando  Miguel y Diego caen prisioneros en Jamaica, me vi trasladada a otra de las novelas de esta autora, Hijos de otro barro, aunque en esta ocasión, con El ángel negro, estamos hablando de una plantación de cañas de azúcar.

Lo que más me gusta de esta autora, es que siempre mantiene en tensión al lector. No solo logra que vivamos aventuras, sino que además nos provoca para que nos posicionemos a favor o en contra de determinados personajes; toca la fibra sensible en ciertos momentos, y nos hace reír en muchos otros. Nunca sabemos que vamos a encontrarnos en la siguiente página.
Es una historia de traiciones, superación, amor, ternura, supervivencia, amistad, orgullo, avaricia, envidias, ambición y celos. Un coctel explosivo que nos mantiene atrapados desde el primer capítulo. Lleno de sorpresa y virajes, no es para nada una novela previsible, sino dinámica y muy entretenida. Ideal para amantes de la novela románticas con aventuras y pasión.

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