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miércoles, 15 de junio de 2011

La literatura en las pasarelas

Hace poco tuve que entregar un ejercicio para un curso que estaba realizando. Debía hacer un reportaje y no se me ocurría de qué.  Pensando, llegué a este tema y bueno, salió esto. Espero que al profe no se le importe que lo comparta antes de que lo corrija, pero siempre he sido una agonías.

La literatura en las pasarelas

¿Quién dijo que la moda solo se refiere a un sector?

Cuando se habla de moda, todo el mundo tiende a pensar en prendas de vestir, pero el concepto (que por cierto viene del francés), es mucho más amplio. Se define moda como “el uso o costumbre que está vigente en determinadas regiones durante un determinado periodo. Se trata de una tendencia adoptada por una gran parte de la sociedad”. Y esta no solo se genera en la manera de vestir, sino en accesorios como por ejemplo los móviles, estilos de vida, maneras de comportarse, incluso en la literatura.
Toda moda o boom tiene una evolución: al principio crece con lentitud, solo pocos conocen de su existencia. Poco a poco, el boca a boca hace que goce de gran popularidad, y esto dura un cierto tiempo. Pasado este, desciende ese interés hasta desaparecer.

Hay una diferencia entre el boom literario y el de la ropa, y es que esta última viene impuesta por las celebridades, mientras que con los libros, es el ciudadano de a pié, el que establece la moda actual. De nada sirve que nos enteremos de que David Bisbal está leyendo El guardián entre el centeno –aunque sería bueno hacer un estudio y ver la repercusión real de esa noticia- pero sí tiene importancia que se deje el pelo largo o se lo rape a cero.

A lo largo de la historia literaria de España, encontramos varias modas o booms que han ido encauzando la presencia de ciertos libros. Lo curiosos es que cuando aparece una de estas modas, las editoriales tiran tanto de nuevos escritores exigiéndoles una novela de esa temática, como de libros ya existentes en otros países que pasaron sin penas ni gloria por nuestro país, o que ni siquiera llegaron a nosotros.

Dan Brown y el esoterismo.

La llegada del Código Da Vinci, inició en el 2003, todo lo relacionado con la religión y lo esotérico. Te acercabas a las librerías y veías pilas de libros con esa temática en común: ocultismo, sectas, secretos, códigos, pruebas… No solo los extranjeros tomaron parte de este boom, los españoles tampoco se quedaron atrás. Esta moda fue la longeva, unos cuatro o cinco años. De los autores españoles podemos resaltar a Javier Sierra con La cena Secreta en el 2004; por la misma fecha, Julia Navarro con La hermandad de la Sábana Santa; en el 2008 Matilde Asensi con El último Catón

Vampiros crepusculares.

Estos booms pueden llegar a convivir juntos. Como ya hemos comentado anteriormente, toda moda tiene una evolución, y puede ocurrir que cuando una vaya decreciendo, la nueva esté apareciendo. Y  esto es lo que ocurrió con la llegada de los vampiros.
Los vampiros son las criaturas más usadas dentro del género del terror y su existencia consta desde la antigüedad. En España fue incluido en el diccionario de la Real Academia, allá por el 1843. Llegó a su máximo apogeo en el 1897 con Bram Stoker. Drácula, fue el primer vampiro “humano” conocido, con ciertas características que habían perdurado con los años, de leyendas anteriores. Esta novela fue llevada al cine en multitud de ocasiones; al teatro, e incluso a videojuegos.

Una de las curiosidades de estos booms literarios, es que tras estos, vienen los booms cinematográficos; suelen ser llevados al cine  o a series televisivas completando un poco esa moda.

Las características que quedaron tras Bram Stoker, en los vampiros, fueron los siguientes: vivían gracias a la sangre humana, rejuveneciendo y sobreviviendo; no soportaban la luz del sol; no se reflejaban en los espejos; no podían estar ante símbolos cristianos como crucifijos y agua bendita; tenían que ser invitados a entrar en una casa; y físicamente eran pálidos y con los caninos superiores (los colmillos) algo más alargados y afilados.
Tras Bram Stoker hubo un parón vampírico hasta el 1977. Fue Anne Rice la culpable de la vuelta de estas extrañas criaturas con Entrevista con el vampiro. Tras esta novela, vinieron muchas otras de la misma serie, y como no, fue llevada a la gran pantalla. Esta autora aun conservaba las características básicas de estos terroríficos personajes, y seguía usándolos para dar forma al género del terror.

Pero en el 2006 llegó el súmmum del boom vampírico, y lo que los clásicos del género llaman el hecatombe. De la mano de Stephanie Meyer aparecieron unos vampiros almibarados que revolucionaron las hormonas de millones de adolescentes. Se le denominó el fenómeno Crepúsculo. Estos vampiros ya no daban miedo, y a pesar que siempre habían estado ligados al erotismo y la sexualidad, pasaron de terroríficos a objetos de deseo femenino. Es decir, que ya no pertenecían al género del terror, sino al romántico juvenil.
Podían soportar la luz del sol aunque brillaban de forma extraña cuando eso ocurría, podían alimentarse y sobrevivir de sangre animal; soportaban los símbolos cristianos, se reflejaban en los espejos…. Un gran cambio.

Meyer fue quien abrió la puerta a numerosas autoras que se subieron al carro de la moda, aunque otras lograron el éxito que merecían tras años de olvido editorial. Un ejemplo de esto último lo tenemos en L. J. Smith, cuya crónicas vampíricas fueron escritas en 1991, y no llegó  a tener éxito hasta que no lo hiciera Crepúsculo.
Otro ejemplo, Sherrilyn Kenyon, aunque esta autora está dirigida a un público femenino algo más adulto por las escenas subidas de tono que tiene. Aunque aquí a España llegaron en el 2006, el primer libro fue escrito en el 2002, mucho antes que apareciera S. Meyer y sus vampiros.

Sería eterno puntualizar cada una de las autoras del género romántico que se unieron a estas criaturas y su moda, y las que aun siguen apuntándose, puesto que nos encontramos todavía en el periodo de popularidad.
Lo curioso es que los vampiros no colonizaron la literatura en solitario, sino que le acompañaron los hombres lobos, zombis, ángeles caídos, dioses… todo lo que podríamos denominar paranormal. Y todos estos libros suelen tener una característica en común, la portada. Todas negras con un elemento sobresaliendo en rojo.
Hoy en día, es el zombi el que tiene el poder en el 2011, aunque cohabita con otras de esas criaturas en mayor o menor medida.

La novela negra nórdica

Para aquellos que opinaban que tanta “azúcar” no era bueno, apareció la antagonista, la novela negra nórdica de la mano de Stieg Larsson y su trilogía Millenium.
A pesar de ser la región del mundo con menos delincuencia, muchos son los autores nórdicos que tienen el género policíaco por bandera.
Llegó a España en el 2008, y tras él lo hizo Camilla Läckberg y su serie La princesa de hielo; Asa Larsson con la serie de Aurora Boreal; Mari Jungstedt con sus Nadie lo ha visto, oído o conocido… Y lo que llevamos diciendo sin descanso, después del literario, llega el cinematográfico, y con Millenium no pudo ser de otra manera.

Ya veis que las pasarelas no están llenas solo de modelos, modelitos y diseñadores, sino que también podemos encontrar vampiros, hombres lobos, asesinos, sectas… Y de la mano de estos, suben al escenario los escritores, que son los que lo hacen posible.

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