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miércoles, 6 de abril de 2011

Ideas inconexas

Debería llamar a Eduardo Puncet y exponerle ciertas dudas que últimamente me corroen el alma.
Dicen que la memoria es como una especie de desván donde vamos acumulando información. Tras unos minutos, horas, años, esa información va siendo sustituida por otra, como si de un disco duro de ordenador se tratara.

El problema que me desvela es.. ¿Qué información se queda, y cual se borra?
Desde pequeños nos bombardean con datos innecesarios, con los importantes y con otros que nosotros vamos adquiriendo por gusto. A eso debemos sumarle las vivencias, los recuerdos, etc... Vamos, que la pobre despensa se va quedando chiquita, sin hueco y nosotros venga a meter información como si tuviéramos el síndrome de Diógenes.

¿Qué es lo que hace que pongamos esos datos en la memoria a largo plazo o a la de corto? Se sabe que hay ciertas pautas que nunca se olvidan, o eso dicen, por ejemplo, montar en bici. Una vez logras superar las vergonzosas ruedecitas pequeñas, sabrás montar en bici de por vida. Otro ejemplo es la firma personal de cada uno de nosotros. Dicen que es una cosa tan mecánica, que aun con amnesia, no se nos olvida firmar, recordando así, por lo menos, nuestro nombre. Claro que si tu firma es ilegible, de esas de emborronarlo todo, sin nombre y sin nada, pues... no, no te sirve en caso de amnesia...

¿A qué viene tantas ideas inconexas o paranoias? Pues al libro que estoy leyendo: La décima sinfonía, de Joseph Gelinek. Más adelante os haré una reseña, para que conozcáis el libro. Por lo pronto deciros que Joseph Gelinek es un pseudónimo, y que aunque parezca sueco, es español, de la tierra. Además, es un gran conocedor de la música clásica; no en vano, dicen que es un conocido de este entorno el que anda detrás de este pseudónimo. ¿Quién? Pues esa respuesta solo la tiene el autor y su familiares cercanos....
Gelinek une dos de sus grandes pasiones: la música y la literatura, y lo hace escribiendo una novela policial en un mundo musical. El violín del Diablo tiene como protagonista a Paganini y su violín, y en La décima sinfonía es Beethoven el que prima.

El caso es que habla de partituras, de claves, de notas, de acordes.... Quizás para una persona que no tenga conocimientos previos sobre todo eso, se le haga arduo o pesado, pero personalmente me encanta, me refresca la memoria.
Y a eso viene el post. Seis años de conservatorio, cuatro de guitarra clásica.... ¿Se llega a olvidar? Llevo 20 años sin tocar una cuerda, sin cantar una nota a pesar que adoraba canto coral... ¿Llegaría a poder leer un pentagrama?

2 comentarios:

  1. Pues apúntate este entonces: http://www.casadellibro.com/libro-morir-a-los-27-/1775518/2900001394484

    Besos guapa.

    Jerom

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  2. Ainssss, no me hagas esto!!!!! Sabes que soy compradora compulsiva y lectora empedernidaaaaaa :p
    Me lo apunto y espero a que salga en bolsillo.. que después del último del clan del oso cavernario, me he quedado con la tarjeta a cero.... :(

    Besos!!!

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