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viernes, 21 de enero de 2011

Tenebrae, Antología fosca de Sevilla Escribe

Personalmente, me cuesta mucho hacer reseñas, puesto que una cosa es el sentimiento que te infunde un libro, lo que te hace vivir, y otra muy diferente es pasarlos a papel. Esto se complica más si el libro en cuestión es de relatos, como es el caso. Y para rizar más el rizo, están escritos por autores diferentes, con diversidad de estructuras, de formas de expresarse…. Vamos, una odisea. Intentaré hacer una reseña sin desvelar mucho de los relatos, aun así, algún spoiler se me colará sin poder evitarlo.

Tras haber leído Tenebrae, entiendo mejor la aparición de la denominación fosca/o  para los relatos que engloban este libro, puesto que a pesar de tener muchos elementos comunes con el género de terror, otros tantos de Ciencia ficción, etc… no podrían reunirse en uno solo.

Con estos relatos, estos autores han demostrado que el miedo existe, y que son muchas las causas que pueden generarlo. El miedo puede ser individual, es decir, intrínseco a cada persona, o colectivo, de toda una sociedad. Y estos relatos nos desarrollan estos dos tipos de miedos.

El primer relato se titula Bocado de dioses, escrito por Fran J. Franco. Un relato inquietante que va dando giros constantemente, jugando con la mente del lector, sin saber este hacia dónde tirar: si hacia el miedo, la repugnancia o lo cómico. Un relato que a priori suena conocido por el inicio que tiene, sin embargo, logra llevarnos hasta lo inimaginable. Lo que más me sorprendió, es la moralidad dentro de la inmoralidad, es decir: “A fulanita no, que es parte del equipo”. Me resultó curioso. Ha logrado sorprenderme, asquearme y soltar un par de sonrisas al mismo tiempo.

El siguiente relato es Absenta, de Juan Díaz Olmedo, quien nos lleva de la mano a un pequeño apartamento olvidado, polvoriento, con mucha historia. Juega con una tensión conocida, la de lo prohibido, algo que nos enseñaron muy de pequeños: no tocar, no beber… Una especie de Alicia en el país de las maravillas, pero con tintes al Resplandor de Stephen King. Un viaje gracias a la absenta, que nos pone en contacto con entes y arte en sí. Interesante y entretenido.

Con La Ganga de Juande Garduño, entramos en un entorno inquietante, que entra a formar parte de una rutina, y que aterra al lector por ello mismo. Yo creo que no solamente nos  aterramos por ese “algo” desconocido, sino por la comunidad en sí. Tanto, o más miedo dan los vecinos que… “la cosa”. Inquietante, sí señor.

La huida de Manuel Mije me descolocó desde el principio. Es un relato muy dinámico, no para de ocurrir cosas, y a cada paso que da el protagonista, algo atenaza la garganta del lector, quedándose sin aliento conforme avanzan las páginas. Resumiría todo en una palabra: angustia. Ese es el sentimiento del relato. Es uno de los que más me han llegado.

Ángel Vela con El Insomne, juega con uno de esos miedos colectivos de la sociedad: el fin del mundo, el apocalipsis, la destrucción de la vida como la conocemos.. Pero hay algo peor que eso: sobrevivir y tener que salir adelante, con una responsabilidad sobre los hombros, que  hacen de tu vida un infierno. Juega con los sentimientos del lector y con sus miedos; y a pesar que al principio me perdí con la prosa, terminé atrapada en la historia y aterrada con ese final.

Hay una cosa que me ha gustado mucho del Viejo de Plata, escrito por Miguel Cisneros, y es el entorno, la manera de describirlo, de acercarlo al lector. Supongo que el conocer cada uno de los lugares nombrados, ayuda a sentirte cerca de la historia.
Los personajes son inquietantes, no solo el propio viejo, sino Prometeo, y conectan bien con el lector. Mi problema ha venido con el final. No conseguí desentrañarlo bien, me perdí por los túneles, supongo. Aun así, disfruté mucho con él.

Sin embargo, con El noctívago demacrado, de Alejandro Castroguer, me vi perdida desde el principio: la estructura del relato, la forma de narrar, la trama en sí.. Personalmente me ha costado meterme en él, y no he sabido disfrutarlo bien.

Y bueno, con El cazador de tigres, de Ernesto Fernández, he tenido otro problema personal, y es la ciencia ficción. Es mi pequeña espinita dentro de la literatura. Me cuesta mucho meterme en una trama cuando hay elementos futuristas en ella.
Está muy bien escrito, tiene una historia interesante, es imaginativo, sorprendente… Lo que más me ha llamado la atención, esa carta final, esa pequeña puntilla que deja el autor, esa moraleja. Entretenida y amena.

En conjunto es un libro entretenido, imaginativo, que te hace viajar a otra dimensión. Una dimensión paralela, donde la tensión, el miedo y el suspense, hacen compañía a un lector que no sabe que va a encontrarse en cada relato. ¿Están dispuestos a adentrarse en sus propios miedos? Adelante, adéntrense en Tenebrae, les estarán esperando….

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