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lunes, 22 de marzo de 2010

Un duque por el que morir, Amelia Grey



Henrietta tiene la última oportunidad para ser libre. A punto de cumplir los 20 años, se encuentra en la puerta del último tutor al que fue designada por su padre. Una terrible maldición pesa sobre ella, todo tutor que ha tenido, ha fallecido. Ahora, le toca convencer al quinto duque de Blakewell para que firme un documento que la haga libre para administrar su propia herencia. Pero Blake no es un hombre maleable a los deseos de una mujer.

Un duque por el que morir es la primera novela de una trilogía: La dinastía de los Granuja, escrita por Amalia Grey. Esa dinastía está formada por los tres primos: el duque de Blakewell, el marqués Raceworth y el conde Morgandale. Tres jóvenes muy unidos, con unas características comunes que les delatan: hombres solteros, atractivos y muy ricos. Además, poseen una reputación dentro de la sociedad londinense, que hace temblar a padres, madres, o cualquier familiar que disponga de hija en edad casadera.

Henrietta es una joven decidida que entra en la vida del duque por la puerta grande, y este no hace más intento que echarla lo más rápido posible.

Es una historia sencilla, sin mucha acción pero con buenos diálogos.

Refleja muy bien la sociedad de aquella época. El poco peso que tenían las mujeres y lo protegida que estaban, como si fueran seres frágiles e inútiles que no servían salvo como meros adornos.
La necesidad que el honor y la pureza estuviera por encima de todo, necesitando carabinas, doncellas y criadas, que las siguieran donde quiera que vayan.
Épocas donde existían bailes de sociedad para encontrar marido, necesitando seguir unos patrones y unas reglas para poder ser alguien. Vestidos opulentos, escotes marcados pero sin enseñar mucho, etiquetas opresivas que hacían de las jóvenes, marionetas sin mucha perspectivas, salvo casarse.

La relación de los primos es uno de los pilares de esta novela, y es lo que la hace amena y divertida, porque en otros momentos, el lector puede llegar a aburrirse. Hay un personaje que a pesar de no salir en ninguna parte del libro, se hace muy pesado con tanta reiteración. Es el tal Lord Chesterfield, que aun llevando tiempo fallecido, logra colarse en casi todos los diálogos que tienen lugar. Es odiado por los tres primos, incluso el lector aprende a odiarlo conforme va pasando las páginas. Demasiado cargante.

Es una novela lenta por esa falta de acción, y algo previsible. Lo mejor, quizás se encuentre en el desenlace, porque la presentación se me hizo larga.

La manera que tiene esta autora de describir a sus personajes, es demasiado detallista, y lo hace todo en el mismo momento, con lo que se pierde la capacidad de poder dibujarlo en su mente. Es como si estuviera haciendo una reseña física de cualquier objeto u animal: ojos, pestañas, mejillas, color de tez, la mirada, el cuello, la cintura; el color, forma y textura de la capa, guantes, vestidos y sombrero. No deja nada sin describir. Personalmente logra lo contrario a lo que pretende. A mí me distrae del personaje y de la acción que está transcurriendo.

Es una novela histórica entretenida aunque sin llegar a mantener al lector en tensión y sin avivar la necesidad de este de seguir leyendo. Ideal para dejarse llevar por salones, buffet, bailes y cotilleos de aquella sociedad.

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