Páginas

jueves, 3 de septiembre de 2009

Mi nombre es Raro Thomas, Dean Koontz


Dean Koontz es un escritor al que le gusta hacer reaccionar al lector. Lo pone en situaciones límites, haciendo que para este, solo exista el blanco o el negro, no la gama de grises.

Como he comentado en varias ocasiones, es un autor que me atrae, sin embargo, al mismo tiempo me repele. Considero que Dean tiene una vena sádica que solo deja entrever en sus libros. Son todos sangrientos, terriblemente descriptivos, tanto, que logre que mi estómago grite basta ya. Pero por fin he encontrado un libro con el que he vuelto a conectar con este autor: Mi nombre es Raro Thomas.

Como en todos los anteriores, sigue con su lucha interior entre el bien y el mal. Siempre existen personajes luminosos y otros oscuros. Mete su cuñita de CIFI (ciencia ficción) para no romper con su pasado.
Pero ha logrado equilibrar la balanza. Ha espolvoreado el libro con ternura, humor, amor… Es un libro completo. Aunque no quita para que sea el Dean de siempre: angustiante, descriptivo, tenso, misterioso y OSCURO.

Hay una parte del libro que voy a comentarlo porque la primera vez que saca el tema, es en las primeras páginas, que es la explosión de una vaca. Es tan descriptiva, que hasta el final no logras descubrir a qué hace referencia. Tu imaginación va creando una escena, que tienes que sustituir por otra cuando terminas de leer el capítulo.

Debo darle una colleja al autor. Desvela el final de otra novela, una de la famosa Agatha Christie. Suerte que ese ya me lo había leído.

Koontz es muy recurrente en sus temas. Siempre está la vida y la muerte, el ángel y el demonio, el cielo y el infierno, y la lucha del bien y el mal como ya comenté antes. Pero no he leído, hasta ahora, uno de sus libros que llevara espíritus, fantasmas, videntes, médium…..

Me ha gustado mucho el libro. No solo entretiene, sino que asusta, emociona y entristece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario