Páginas

lunes, 6 de julio de 2009

Muerte dulce, de Félix G. Modroño


Muerte dulce es la segunda novela de Félix y también de su protagonista, Fernando de Zúñiga. No me gusta decir que es la segunda parte de “La sangre de los crucificados”, porque a pesar de tener casi todos los protagonistas de la primera en común, es conclusa y definitiva.
Pero sí, Muerte dulce sigue la historia de Don Fernando y Pelayo, aunque son nuevas y trepidantes aventuras.
Si con “La sangre de los crucificados”, Félix nos paseó por Madrid, Sevilla, Salamanca.... Con Muerte dulce nos adentra en el gran desconocido País Vasco.

Fernando de Zúñiga es médico, aunque en sus “ratos libres” se convierte en investigador, con mucho instinto, suerte y amigos. Uno de ellos: Pelayo, amigo y sirviente, una especie de Sancho Panza que le ayuda en la historia, sin el cual, NADA sería lo mismo.

Desde las primeras páginas, Félix nos sobrecoge, algo que tiene en común esta novela con la primera. Ambas nos atrapan desde el primer párrafo y a pesar de empezar fuerte, en ningún momento decae. El lector se ve inmerso en una loca, dolorosa y terrible aventura, en el que el juego de cartas “el mus”, tiene mucho de protagonista.
Los personajes, protagonistas o no, juegan a los despistes, a alterar al lector y a liarlo con la trama, tanto, que te olvidas de tu rutina y no quieres más que seguir leyendo para ver si consiguen encontrar las soluciones al dilema.

Hay unos cuantos “sustos” al lector. Estos hacen que hagas un alto en el camino, jures en arameo, quieras clavarle alfileres a un muñequito de budú imaginando que es el autor, y que leas con mas ansias si cabe, para saber el final de la historia.

Muy entretenida, de lectura rápida y fácil, a pesar de estar centrada en una época anterior a la nuestra, con diferentes expresiones y formas de hablar. Tiene guiños al euskera, a su abuelo y por su puesto a su tierra.

A pesar de que mis gusto por los juegos, sean de mesa o de azar, son nulos, en ningún momento se me hizo pesado ni aburrido. Eso sí, sigo sintiéndome inútil con una baraja de cartas en la mano. Está visto que no nací con ese arte.

Varios de los personajes han llegado a mí como algo especial: Isabel, Leonor, Pelayo, y estoy deseando saber de sus historias personales. Se que queda un poco para la tercera, pero espero que el autor no se haga mucho de rogar y nos premie pronto con nuevas aventuras de Don Fernando.

1 comentario: